La Descarmelización

La orden del Carmelo descalzo ha rebajado su exigencia de vida austera y penitente por la aceptación general de estas ideas comentadas:

  🔵 La renuncia que importa es el desprendimiento interior. No el desapego externo.     La renuncia interior da como fruto inmediato, la renuncia exterior. Y la renuncia exterior es el camino a la renuncia interior.  
  🔵 Las exigencias de la Regla de San Alberto no son compatibles con una vida normal en el mundo de hoy.     Sí lo son. La oración intensa, saltarse una comida al día, no comer carne. Sólo algunos capítulos no lo son, pero deben ser una brújula que señale nuestro rumbo: como el no poseer nada  
  🔵 El carisma de Teresa de Jesús es la comunicación y la recreación. Ella misma aconsejó a sus monjas: amor fraterno, desapego de lo creado y humildad.     Estos consejos valen para todo cristiano, están incluidos en el carisma del carmelo descalzo, pero la esencia del Carmelo es desarrollar estos consejos en soledad, austeridad y pobreza.
  🔵 La iglesia valora más una actividad misionera, por delante de la contemplativa.     Las dos deben andar de la mano en la Iglesia. Las dos son importantes, aunque el Señor dijo que “la mejor parte” es la contemplativa.  
  🔵 La evangelización es activa, no contemplativa.     Valiosísimo e insustituible es el el ejemplo de una entrega estéril para el mundo, pero muy fecunda para Dios.
  🔵 La actitud contemplativa no está comprometida con la Iglesia, la ayuda activa sí que lo está.     Es más bien al contrario. La actividad suele presenciar los frutos en el campo donde actúa. Mientras la contemplación requiere una fe más desnuda.
  🔵 La penitencia y la austeridad de vida son decisiones individuales, que no se deben imponer nunca, sino que debe haber libertad para acogerlas o rechazarlas.     Sin duda. Pero debe perdurar una orden que cuide los adoquines del camino del Carmelo. La Iglesia es unión, es comunidad. Y el Carmelo es comunidad en la oración y la penitencia. Siempre es voluntaria la adhesión al Carmelo. Pero dentro de la orden no puede actuar cada uno según le parezca.  
  🔵 La santidad se manifiesta en el trato amable y comprensivo con los demás y en la alegría. La penitencia y la austeridad producen un carácter huraño, áspero y triste.     Dios da al hombre fuerzas para acercarse a Él y vencer el pecado. Igual pueden malgastarse por exceso contra uno mismo y contra el prójimo. Como también por defecto, cayendo en la tibieza y la permisividad al error y al pecado.  
  🔵 La contemplación es huida del mundo, desentendimiento y egoísmo, búsqueda de la propia paz.       Puede suceder en no pocos casos, que hay que discernir. Pero huir de toda penitencia, entrega y soledad es otra forma de dejarse seducir y engañar por el príncipe de este mundo.  
  🔵 No hay vocaciones eremitas.     Siempre han sido pocas, como sucede con toda profesión exigente. Pero lo que escasean son las órdenes en las que las pocas vocaciones que hay, puedan desarrollarse.  
  🔵 La mayoría de los integrantes de la orden del Carmelo, no están a favor de la dureza de la vida que está en su propio carisma. Aún cuando se incorporasen a ella libremente.     Es cierto. Y es razonable que muchos crucen la puerta hacia la mitigación. Pero no está bien mitigar la orden, desalar su esencia. Es mejor la salida a otra orden de quien no quiera seguir en su dureza.   
  🔵 Tras el Concilio Vaticano II, Perfectae Caritatis, estableció que debía realizarse: “La adecuada adaptación y renovación de la vida religiosa (…) a las cambiadas condiciones de los tiempos.”     Extraído de la misma encíclica: “… manteniendo fidelísimamente su apartamiento del mundo y los ejercicios propios de la vida contemplativa.” “… adapten su régimen de vida a las exigencias y conveniencias del apostolado, pero de tal suerte que conserven con fidelidad su forma de vida, ya que ella es ciertamente una grande ventaja para la Iglesia.”  

El paso en falso del Carmelo hoy, no es el haber abandonado el modo de vida austero, solitario y penitente. Sino el haber negado el atractivo y la entrega de esta forma de vida. No sólo se ha talado el árbol que tan buenos frutos daba, sino que se han arrancado las raíces que animen a esta forma de vida: no se vive el Carmelo, pero tampoco se predica ni se reconoce su valor. Y hasta se tergiversan textos de los fundadores para pintar toda pobreza material, toda penitencia y austeridad con el blanco y negro del oscurantismo, la antigüedad y la falsa piedad exteriorizada.

En este tiempo, en que la orden religiosa del Carmelo está, en general, tan mitigada. Tenemos los seglares la bonita oportunidad de vivirla con la radicalidad que permita nuestra forma de vida. Tomando el testigo hasta que vuelva a su esencia la orden. Y luego volverán los nuevos mitigadores a infiltrarse de nuevo en ella, en los ciclos pendulares en que se mueve esta santa orden.

No obstante, es un gran riqueza que haya individuos que, por encima de sus críticas, acojan el tesoro de la pobreza, castidad, obediencia, austeridad y soledad. Manteniendo el equilibrio que evite el lado del exceso y el lado de la tibieza.

Estos somos los eremitas urbanos. Quiera Dios aceptar nuestras renuncias y guiar nuestros pasos.

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